sábado, 10 de agosto de 2013

Las madres que Ana Mato no quiere

Llevan unos meses casadas y el pasado 14 de junio nació su primera hija, Julia, concebida gracias un tramiento de reprodución asistida en el sistema público de salud. Silvia Tostado y su mujer, que residen en Extremadura, viven inmersas, como cualquier familia, en la felicidad de la llegada de un nuevo miembro a su hogar mientras miran "perplejas" cómo la realidad cambia a su alrededor con las medidas propuestas por el Gobierno de la Nación que hará imposible que otras mujeres puedan cumplir el sueño que para ellas ha sido posible.
"Lo vivimos con indignación, porque con el modelo que propone el Ministerio de Sanidad se nos está diciendo a las mujeres que estamos obligadas a tener relaciones sexuales con un varón para ser madres.Esto no es gratuito, sino que está relacionado con el modelo de familia y de derechos sociales que quiere imponer el PP", asegura Silvia Tostado, a quien no le sorprende que salga precisamente de un partido que está poniendo especial énfasis en el derecho a la vida. "Entonces, ¿nuestra hija no hubiera tenido derecho a nacer?", se pregunta. Para ellas, representa, además, "un tremendo retroceso con respecto a derechos que se habían conquistado, con mucho esfuerzo, para lograr la igualdad" del colectivo homesexual.
En su caso, acudieron desde el principio al sistema público de salud, porque no podían costearse un tratamiento por la vía privada, que puede superar los 9.000 euros solo por un intento de fecundación in vitro. "En Extremadura funciona bastante bien y la lista de espera no llega al año, pero a partir de ahora va a cambiar porque han aceptado la propuesta de la ministra Ana Mato de vetar la reproducción asistida a mujeres solas y a parejas de lesbianas", comenta mientras atiende a su pequeña.
"Nosotras nunca ocultamos nuestra condición. Desde el principio, cuando fuimos al médico para anunciar que queríamos ser madres, dejamos claro que éramos dos mujeres. Ni nos planteamos recurrir a la vía privada porque no podíamos pagarlo. De hecho, aquí hay una doble vulnerabilidad de las mujeres, porque son estas las que más sufren las consecuencias de la crisis, el paro y la falta de recursos, por lo que se les está añadiendo otra dificultad más, por no decir imposibilidad, para ser madres. Se volatiliza el derecho a ser madres para las lesbianas, pero también para muchas mujeres que quieren hacerlo solas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce el derecho a la procreación, por lo que no tiene sentido", asevera.
En su opinión, es importante saber que "esto no afecta sólo a un minoría, sino que atenta contra la libertad de la mujer", y lo vincula con la imposición de un modelo determinado de familia por parte del Gobierno de la Nación. "Sólo parejas heterosexuales, de padre y madre, y mientras a las mujeres que no quieren tener hijos se las obliga, a las que desen hacerlo, se les impide", continúa.
Su pareja es la madre gestante, es decir, la que ha parido, pero ella es el otro pilar fundamental de la familia: la madre también. En este sentido, apunta otro detalle de las desigualdades a las que tienen que enfrentarse por ser lesbianas. En su caso, "es imprescindible estar casadas para poder inscribir a la niña en el Registro Civil" con los apellidos de las dos progenitoras, cosa que no se exige en las parejas heterosexuales, donde no es necesario que medie matrimonio para que se reconozca el derecho del varón sobre un hijo.
Encajadas en los nuevos modelos de familia, no se sienten especiales: "Somos como todas, una familia única, aunque nos sentimos afortunadas por poder contribuir a esa diversidad que hace más rica la sociedad". Pero saben que otras muchas que conocen, y aguardan expectantes en las listas de espera de distintas comunidades autónomas, tal vez nunca puedan llegar a tener un hijo.

viernes, 9 de agosto de 2013

Tópicos: las mujeres, las peores

El discurso de la excelencia, de gran tradición en nuestra cultura, aún pervive. Es utilizado frecuentemente por machistas escondidos bajo la fórmula de paternalistas, galantes o seductores. Es el más viejo de los trucos. Se utiliza desde la Edad Media. Consiste en halagar a la mujer remarcando diferencias, cualidades que sólo ella tiene y, por lo tanto, es mejor que las conserve y no se “estropee” en asuntos que no le son propios. Un buen ejemplo es la típica frase: “Detrás de todo gran hombre, hay una gran mujer”. Frecuente homenaje, dudoso elogio que, según el escritor uruguayo Eduardo Galeano reduce a la mujer a la condición de respaldo de silla. A las mujeres se las coloca siempre por debajo o por encima de la norma y nunca dentro de ella. Da igual la cuestión de la que se trate, sea una frivolidad o un tema de política de Estado Así, se utilizan frases como las mujeres son las más machistas; cuando una mujer es mala es peor que cualquier hombre; si es buena es una santa y si es una terrorista es la más sanguinaria de la organización.
Nuria Varela

jueves, 8 de agosto de 2013

"Mi novio me controla lo normal"

La violencia de género suele asociarse a las parejas casadas y con hijos, pero es el noviazgo cuando se dan los primeros síntomas y a muchas jóvenes les suena a la Prehistoria aquello de que las más mayores no podían viajar sin el permiso del marido o sacar dinero de una cuenta en el banco. No obstante, son las mismas chicas que a veces mantienen relaciones de noviazgo negativas, a pesar de no haber dependencia económica ni convivencia, cuando parece tan sencillo dejarlo si no funciona. 'Mi novio me controla… lo normal' es el título de un espacio virtual de referencia destinado a chicas confundidas con el amor en el que se fomenta el pensamiento y actitud críticos frente a los mensajes del amor romántico y se analizan los elementos que suelen normalizar la permanencia en una relación de maltrato, psicológico sobre todo, por parte de las jóvenes, así como la negación de la violencia. Su creadora es la bilbaína Ianire Estébanez, psicóloga especialita en intervención con mujeres, además de bloguera y ciberactivista.
"Me controla pero sólo lo normal, lo hace porque me quiere, se pone celoso porque no puede estar sin mí, eso no es malo, es que le interesas…". Son las frases que con más frecuencia reproducían las chicas jóvenes al reflexionar acerca de la violencia psicológica en el noviazgo que Ianire Estébanez recogió en una investigación y posterior tesis doctoral realizada y que le llevaron a crear este blog para desmontar mitos y malas percepciones. Estébanez es también colaboradora en el Servicio de Mujer del Módulo Psisosocial de Deusto, premiado por Emakunde, donde organiza eventualmente grupos con jóvenes para hablar sobre las relaciones afectivas y sexuales, el amor virtual o los buenos tratos, y trabaja en la consultora sobre violencia de género Sortzen.
"La primera experiencia investigadora de la que nació este espacio arrojó unos datos abrumadores", explica Estébanez. Un 25% de las chicas encuestadas percibe con claridad la violencia psicológica en sus relaciones. Las demás, o dudan o lo justifican casi todo. La negación de la violencia es el principal argumento para quitar importancia a la gravedad de conductas de sus novios ("si no le haces caso, no es violencia"), y para explicar las conductas de control y celos desmedidos les basta a muchas con un "lo hacen todos los chicos, ellos son así" o con un "quiere saber de mí, es normal, igual es culpa mía". En palabras de la psicóloga bilbaína, "el amor se erige como la principal argumentación por la que perdonar, volver, seguir, cegarse, vivir". Lo hace porque me quiere. Le perdono por amor. Veamos qué respondía una joven cuando se le presentaba esta situación.
"- Si tu novio vuelve a hacerte daño pero te pide que vuelvas, ¿volverías con él?
-Es que no puedes ser tajante y decir que no. Depende.
-¿De qué depende?
-De si le quieres".
"Las confusiones y argumentaciones del amor como un todo irrefrenable y la idealización del amor como algo unido al esfuerzo y al sufrimiento y que puede reparar cualquier daño ocasionado confunde y engaña a estas chicas, llevándolas a aceptar comportamientos violentos como parte del pack incluido dentro del amor-pasión", concluye Estébanez. Es verdad que cuando nos enamoramos de alguien somos más vulnerables a pasar por alto ciertos signos que pueden indicar que está comenzando una situación de maltrato. Por ello Ianire Estébanez aconseja a las jóvenes prestar más atención para descubrir más pronto que tarde si sus novios reproducen algunas de las siguientes actitudes, "señales de alarma" de que algo no va bien:
Señales de alarma
"Si te hace comentarios sobre la gente con la que tienes que salir, te dice que no le gustan tus amigas e intenta que no salgas con ellas… Lo que hace no es amor, es controlarte". Además, "si siempre te dice que te quedes con él y dejas tu propia vida olvidada. Terminas por dejar de salir con tus amigas y no te relacionas con nadie más que él, ha conseguido engañarte para que te quedes aislada". ¿Y si siempre va a buscarte a la salida de clase o se presenta habitualmente 'de casualidad' por los sitios donde sabe que estás cuando no estás con él? "No lo hace por amor, sino porque siente que eres su posesión".
Hay apostillas que también esconden violencia psicológica. "¿Esa falda no es muy corta?". "Llevas demasiado escote". "Si se mete con tu maquillaje, con tu pelo… O le gusta que vayas bien provocativa y sexy sólo cuando estás con él, pero cuando sales sin él preferiría verte con un chándal". "Piensa si merece la pena ser el trofeo o el objeto de alguien", sugiere Ianire Estébanez. "Y si te compara con otras chicas que 'están más buenas que tú', se mete con lo que tú eres, te insulta, te humilla delante de los demás diciendo cosas malas de ti o te engaña con otras… Definitivamente, no te quiere ni te respeta. Eso no es amor".
El problema es que muchas jóvenes acaban googleando en internet sus dudas. "Hay montones de sitios con claves sobre lo que deberías hacer para que tu novio esté contento, para que la relación funcione… La respuesta que encuentran es tú eres importante en función de si consigues que tu príncipe azul esté siempre contigo y si te dejan es lo peor del mundo, así que esfuérzate a tope para ser la chica perfecta. Es muy perjudicial, porque la relación de pareja es una cosa muy personal que las mujeres deben aprender a identificar por sí mismas. Lo que yo intento hacer es no dar respuestas, sino invitar a la reflexión. A veces preferimos negar las cosas antes de admitir que algo no funciona", sostiene la creadora de 'Mi novio me controla… lo normal'.
"A las mujeres se nos sigue educando para cuidar y para gustar al otro. Parece que desde pequeñas tenemos que aprender que para ser buenas chicas no podemos hacer lo que nos de la gana. Y sobre todo, a las mujeres nos educan para buscar el amor como si fuese lo más importante de nuestra vida. Ser chico, joven y sin pareja es guay. Ser chica, joven y no tener pareja es sinónimo de rara y difícil. Es curioso porque los chicos tienen claro que, por ejemplo, su novia les llame continuamente al móvil, es una forma de control", reflexiona. Ianire Estébanez intenta despertar de su letargo a las jóvenes de todo el mundo que se ven en esta situación y que recurren a ella a través del blog: "¿Te has preguntado cómo te sientes y qué es lo que quieres tú de esta relación? Para querer a alguien lo primero es aprender a quererte a ti misma", les dice.
ITSASO ÁLVAREZ 

miércoles, 7 de agosto de 2013

Violar no es revolucionario

Las mujeres egipcias han sufrido una gran decepción. La primavera árabe no ha solucionado sus problemas y los Hermanos Musulmanes la han empeorado. El 99  por ciento de ellas han sido acosadas.
La caída de Mubarak generó grandes expectativas entre las mujeres, sin embargo tanto durante el gobierno militar de transición como durante el año en que han gobernado los Hermanos Musulmanes, con Morsi a la cabeza, su situación ha empeorado.
En 2005, en plena dictadura de Mubarak, se hizo famoso “el miércoles negro” cuando un grupo de matones pagados por el Ministerio del Interior violaron a numerosas mujeres. El hecho trascendió ya que algunas eran periodistas extranjeras como la reportera de la CBS, Lara Logan.
Al caer el dictador, en marzo del 2011, 17 mujeres fueron retenidas durante cuatro días sometidas a abusos de todo tipo. Pero por si  esto no fuese poco, con la llegada de Mursi al poder, la violencia contra las mujeres se incrementó.
No quieren a las mujeres en el Parlamento ni en la calle, ni opinando y la forma de enviarlas a casa es abusando sexualmente de ellas. Pero estas mujeres siguen adelante, más organizadas y concienciadas.
La policía y los militares primero las acusaban y siguen acusando de acampar con los hombres en las plazas para después obligarlas a hacer la “prueba de la virginidad”.
Las fuerzas de seguridad negaban estas prácticas hasta que aparecieron videos de denuncia.
Amnistía Internacional así como otras organizaciones como OPAntiSH (plataforma contra el acoso sexual),  Thrir Bodyguard, coordinada por la arabista española María Sanchez Muñoz, o Bassma fundada por la activista Nihal Saad Zaghloul han podido describir minuciosamente cómo grupos de hombres, perfectamente organizados, llevan a cabo estas agresiones:  odean a las mujeres hasta separarlas del grupo que las acompañaba, les rasgan la ropa, las arrastraban a lugares más tranquilos y las violan con lo que tengan, con las manos, con objetos punzantes. Denuncian que la violencia es extrema y la duración del acto imprevisible.
Yasmine el Baramawi es un símbolo de lo que hay que desterrar de la sociedad egipcia. Su testimonio ha dado la vuelta al mundo: “Desde el primer minuto me encontré en mitad de 200 hombres, desnuda e indefensa. Me agarraron por todas partes, como si fuera un objeto. Un coche se detuvo a centímetros de su cabeza, aprisionando su pelo, atrapándola aún más en el infierno. Eso les ayudó a levantarme las piernas y penetrarme, mientras seguía tirada en el suelo. Sin parar de golpearme, me pusieron una capucha en la cabeza y me metieron en el coche, desnuda. Me llevaron a otro barrio, donde más hombres me rodeaban con cuchillos, con palos y con correas. La violación se prolongó otros 70 minutos”.
Dos meses después de lo ocurrido, los espectadores de la televisión egipcia Al Nahar tenían ante sus pantallas a esta mujer que relató serenamente la aterradora realidad.
Sin lugar a dudas, se trata de grupos muy bien coordinados que disfrutan de total impunidad. La periodista Haina Moheeb, violada en Tarhir, los califica de “matones a sueldo”
Sin embargo las autoridades siguen acusándolas a ellas. El Consejo de Shura, perteneciente al Parlamento Egipcio, afirmó que ellas eran las que provocaban mientras que el actual hombre fuerte del Ejército y del Gobierno, Abdel Fatah al Sisi, ha defendido públicamente esas pruebas de virginidad.
El propietario de la cadena de televisión Al Ummah, Abu Islam, llegó a declarar que las mujeres que acudían a la plaza Tahrir querían que las violaran, calificándolas de “demonios”.
En el último Parlamento dominado por los hermanos Musulmanes sólo un dos por ciento eran mujeres. De hecho en la Constitución redactada en 2012 sólo habla de ellas como amas de casa o “personas dependientes de otras”.
A pesar de tanta violencia e intimidación, la realidad es que ellas siguen organizándose para defender sus derechos en las comisarias, en los tribunales o en los medios de comunicación. Y siguen acudiendo a las manifestaciones aunque sus vidas corran peligro.
En Facebook se ha popularizado la campaña “la rebelión de las mujeres en el mundo árabe”, pero  la periodista egipcia-americana Reem Abdellatif opina que “aunque el ciberactivismo pueda promover la democracia, en lugares como Egipto la mayor parte de la población no tiene acceso a internet”.
Azza Suleiman, abogada de 40 años, conocida por su defensa de los derechos humanos de las mujeres, se indigna ante la postura sistemática  de la policía de acusar a las mujeres de “provocar” a sus maridos para que las golpeen. Denuncia que las activistas corren muchos peligros, “nos amenazan constantemente y cuando ya no saben de qué acusarnos dicen que trabajamos para Israel”.
La organización OPAntiSH afirma sin embargo que la “rebeldía de las mujeres va en aumento. No están dispuestas a callarse y no se van a dejar intimidar. Además muchos activistas hombres están con ellas ayudándolas y trabajando codo con codo”.

Violencia doméstica, ingeniosa publicidad alemana

En la cuidad de Hamburgo, Alemania Amnistía Internacional han puesto en marcha un singular sistema de anuncios contra el maltrato y la violencia doméstica, estas publicidades “se mueven” cuando nadie las mira.
En cada parada de autobús los anuncios se modifican dependiendo de si alguien tiene la vista puesta en ellos.
Cuando se mira la imagen se ve a un matrimonio normal y aparentemente feliz, pero cuando se quitan los ojos de la misma, puede apreciarse cómo el marido castiga a golpes a su esposa.
Pero he aquí un detalle, para que la gente pueda observar que pasa realmente “cuando nadie está mirando” la violencia que propician las imágenes demora unos segundos en desaparecer y retomar la aparente calma.
Para llevar a cabo esta estrategia se colocaron cámaras con tecnología de seguimiento ocular, y el resultado es realmente asombroso.
ReferidoGizmodo 

martes, 6 de agosto de 2013

"Parece que te dicen "si ya somos iguales, ¿de qué te quejas?, ¿qué más quieres?"

"Viví la prohibición de los anticonceptivos, era terrible, te llamaban puta por pedir una receta en el ginecólogo". Begoña San José tiene 63 años y es feminista desde hace unas cuantas décadas. Estuvo presente en las primeras manifestaciones del 8 de marzo que se hicieron en España. Fue el año siguiente a que Franco muriera cuando varios cientos de mujeres se echaron por primera vez a la calle para conmemorar esa fecha que el resto de Europa llevaba ya años celebrándose. "Rescatamos la fecha que en el resto del mundo se utilizaba. Aquí habíamos hecho manifestaciones pero por cosas concretas, contra el delito de adulterio o contra la prohibición del aborto", recuerda 
El aborto y los derechos sexuales y reproductivos fueron una de las primeras y más fuertes reivindicaciones del feminismo durante aquellas primeras manifestaciones del 8 de marzo. "En lo laboral hubo cambios fortísimos, mis compañeras casadas que firmaban contratos tenían que llevarlos a casa para que el marido les diera su consentimiento. Fue emocionante cuando se reingresó en sus trabajos a las mujeres que habían despedido por excedencia forzosa por matrimonio", dice Begoña. Treinta años y enormes avances después, el derecho a decidir sobre el propio cuerpo sigue siendo, sin embargo, uno de las consignas en las manifestaciones por la igualdad. 
"Ellas dieron el salto más grande durante la Transición, con unas conquistas importantísimas para las mujeres, que venían de la represión", explica Marta Monasterio, de 34 años, involucrada en el feminismo desde varios frentes. "Luego hemos vivido años de lucha y reivindicaciones en un escenario más favorable, y se ha conseguido un estado de aparente igualdad. Eso está bien pero a la vez ha ocultado otros problemas que no se han solucionado, como la violencia de género. La crisis empeora esta sensación, porque es como si estuviera todo solucionado y no lo está. Por ejemplo, el 8 de marzo vamos a defender el aborto porque la amenaza vuelve a estar ahí", señala. 
A su lado, Sua Fenoll, de 27 años, integrante de Feminismos Sol. Para ella, tras la ilusión y los avances de los primeros años de democracia, el sistema "fagocitó el discurso feminista": "Es como si todo lo que se ha conseguido anulara la posibilidad de seguir quejándose y de visibilizar las desigualdades. Parece que te dicen 'si ya somos iguales, ¿de qué te quejas?¿qué más quieres?' Hay un gran cambio pero sigue habiendo una barrera invisible". Sua pone un ejemplo: en la última huelga general del 14N, varios grupos propusieron una huelga de cuidados que visibilizara el trabajo reproductivo hecho mayoritariamente por mujeres. "Enseguida llegaron los comentarios que decían que era algo que cada una debía arreglar en su casa. Entonces, tus problemas en el trabajo los arreglas tú a solas con tu patrón, ¿no?".
Las tres coinciden en que la crisis no es solo económica y está poniendo en peligro la igualdad. "Esta crisis es la peor de todas y es la tercera que vivo. No he visto unos recortes en educación, sanidad o servicios sociales como ahora, no he tenido una sensación de peligro para la igualdad social y de género como la de ahora", asegura Begoña. "Nosotras hablamos del nuevo pacto patriarcal, de cómo se está haciendo para mantener la desigualdad dentro de estados que supuestamente promulgan leyes para la igualdad", señala Sua.
Para Marta, que participa en un grupo ecofeminista, la respuesta tiene que venir desde la alianza entre varios movimientos sociales. "El feminismo y el ecologismo no son planteamientos antagónicos, al contrario, son alternativas que tienen muchos puntos de unión. La crítica a un sistema de desarrollo patriarcal y capitalismo, depredador con el entorno pero también con las personas. Plantean utopías y escenarios parecidos", cuenta. 
Sua habla de un "cambio de modelo": "La igualdad implica que dentro de nuestras diferencias tengamos las mismas posibilidades, no que las mujeres se equiparen a un modelo masculino y que para acceder a ciertos derechos o al mercado laboral tengan que adoptar ese modelo masculino". Begoña, resume, que, al final, el feminismo busca que cada persona "pueda realizarse como quiera y no tenga que responder a ningún estereotipo. "Que no haya un estereotipo ni masculino ni femenino del trabajo, de la sexualidad o de cualquier otra cosa", dice.
Y Begoña advierte: el feminismo engancha: "Tiene esta cosa de que te cambia la vida privada, te da un giro a la vida personal a la vez que ves avances en lo colectivo". También Marta habla de un feminismo "vivencial": "No hay ninguna mujer que no haya experimentado alguna vez miedo en la calle, algún tipo de acoso, el malestar en un colectivo mixto o el miedo a participar. De repente, empiezas a hablar con otras mujeres, tomas conciencia, das un cambio, y todo da un vuelco".

lunes, 5 de agosto de 2013

Los tópicos: Feminismo y machismo, no es lo mismo

No sólo no es lo mismo sino que no tienen nada que ver. El feminismo es una teoría de la igualdad y el machismo, pretende justificar la desigualdad mediante una supuesta inferioridad de las mujeres. El feminismo se edifica a partir del principio de igualdad, todos los ciudadanos y ciudadanas son libres e iguales ante la ley. El feminismo es una teoría y práctica política que se basa en la justicia y propugna, como idea base sobre la que se cimienta todo su desarrollo posterior, que mujeres y hombres somos iguales en derechos y libertades. El machismo consiste en la discriminación basada en la creencia de que los hombres son superiores a las mujeres. Según la época, el momento o la imaginación, los argumentos serán distintos. Da igual, el caso es defender y practicar que los hombres tienen una serie de derechos y privilegios que no están dispuestos a compartir con las mujeres y para ello utilizan todos los medios a su alcance, incluida la violencia si es necesario. Una vez desarrollado el feminismo y nombrado como privilegio a lo que hasta entonces se había considerado natural, fue necesario equiparar ambas teorías, como si fuesen éticamente iguales. Algo así como decir que el racismo y la lucha contra el racismo son lo mismo. En la estructura mental de patriarcado, o estás conmigo o estás contra mí. De ahí a la guerra de sexos sólo había un pasito.
Sólo añadir que el machismo hace sufrir a las mujeres y enaltece a los hombres (el feminismo sólo les resulta molesto, no es una amenaza para ellos).

Nuria Varela

domingo, 4 de agosto de 2013

Hoy ha sido asesinada una mujer...

Según las estadísticas, (ciudaddeMujeres.com) este año han muerto ya 34 mujeres, asesinadas por sus parejas o exparejas; 49 el año pasado; 216 en los últimos tres años, y cerca de 800, desde el año 2001 y no se cuantas otras más, en no se que cuantos otros años. Datos que estremecen, por la sangre vertida y por el sufrimiento que ha originado a las víctimas hasta el extremo de la muerte.
Lo cierto es que si por cualquier otras causas —accidente, catástrofe o terrorismo—, hubieran ocasionado ese número tan elevado de víctimas, la situación político-social sería insostenible y las bases del Estado temblarían. Pero parece que todo se entiende como normal; cosas que ocurren y no podemos consentirlo.
«La violencia de género no es un problema que afecte al ámbito privado. Al contrario, se manifiesta como el símbolo más brutal de la desigualdad existente en nuestra sociedad. Se trata de una violencia que se dirige sobre las mujeres por el hecho mismo de serlo, por ser consideradas, por sus agresores, carentes de los derechos mínimos de libertad, respeto y capacidad de decisión» dice el Preámbulo de la Ley Orgánica de Medidas de Protección contra la Violencia de género, de diciembre del 2004.
La ley contra la Violencia de Género ha cumplido más de ocho años, y por el número de víctimas —545 durante la vigencia de la ley, 61 muertes de media anual—, no está dando el resultado que se esperaba. Hay que seguir promoviendo medidas de protección a las víctimas que la piden y programas de prevención de actos criminales, dirigidos a las propias mujeres, los jóvenes, al entorno familiar y al conjunto de la sociedad para que tome conciencia de la dramática situación. Y de forma especial y singular, campañas dirigidas hacia los hombres, para erradicar, entre todos y todas, los comportamientos machistas de toda índole, como una de las grandes lacras sociales de nuestro tiempo. «Cuando haya manifestaciones de "indignadOs" contra el terrorismo machista, empezará su fin», dicen desde Ciudad de Mujeres. Estamos en ello.
Pero Rajoy, su ministra Mato y el gobierno del Partido Popular, no es que haga lo necesario, sino que hace lo contrario de lo que se precisa. No solo no previene ni protege, sino que desampara a las mujeres víctimas de los malos tratos. La Estrategia Nacional contra la Violencia de Género, elaborada por el Gobierno, como nos tiene acostumbrados, no ha contado ni con comunidades autónomas ni ayuntamientos ni asociaciones de mujeres ni con el Consejo General del Poder Judicial. Para reducir el número de víctimas, modifica los métodos de obtención de datos estadísticos, incluyendo sólo a aquellas mujeres que hayan estado hospitalizadas más de 24 horas. Maquillando las cifras, Ana Mato, quiere que el número de casos de terrorismo machista sea cero, puesto que «lo que no se nombra, no existe». Ejecutan políticas regresivas, como regresivos son ellos.
Todos los grupos políticos de la oposición parlamentaria, se oponen al cambio en el método de elaborar estadísticas. Desde la Izquierda Plural, Joan Coscubiela, ha alertado de que cuando un problema se invisibiliza, aumentan los riesgos de que vuelva a producirse. Es necesario que los datos estadísticos, recojan fielmente la realidad, no sólo el de las mujeres que han tenido que ser hospitalizadas más de 24 horas, sino que se incluyan otros indicadores, que den una imagen real de la magnitud del problema. El maltrato puede que no deje señales físicas en el cuerpo de la víctima. Un «tirón de pelo», la rotura de un brazo o una brecha, no necesitan hospitalización. «Si estos casos no son tenidos en cuenta de nada servirá nuestra lucha», afirma Purificación Causapié del PSOE.
Decía Francisco Bustelo en El País (6 de febrero de 2009), citando a Carl von Clausewitz, que la guerra es como «un acto de violencia para obligar al contrincante a cumplir nuestra voluntad». Es la misma circunstancia que en el caso de los actos de violencia machista contra las mujeres. Es un acto de violencia para obligar a la mujer a cumplir con la voluntad del maltratador. Hay que modificar criterios, conceptos y aptitudes, en base a los principios, valores y derechos de dignidad, seguridad, igualdad y libertad, lo contrario, supone minimizar la gravedad del problema que produce víctimas y se cobra vidas.
La violencia de género, el maltrato, el terrorismo machista, no solo son aptitudes sociales y culturales aprendidas, son también una manifestación más de la delincuencia de las mentes asesinas que matan a los más débiles, y como tales actos han de ser tratados. Un maltratador es un hombre desalmado, que aprovechando las circunstancias de relación y de su propia fuerza, ya sea intelectual o física, utiliza a la mujer, la considera su propiedad, la somete, le pierde el respeto como ser humano, despreciando y atacando sus más preciados dones: la dignidad y la vida misma.
Lo cierto es que los datos indican que los maltratadores, difícilmente corrigen sus hábitos. Hay que seguir insistiendo en los cambios de conductas machistas; en la prevención de actos criminales; y sobre todo proteger a la mujer víctima y al entorno familiar sometido. Sin ánimo de perder el respeto, sino todo lo contrario, mientras se sigan produciendo estos asesinatos machistas, hay que promover la campaña, dirigida a los maltratadores, para conseguir que se suiciden. Si, que se suiciden antes de cometer el delito. De esta forma, este año, estaríamos hablando de que 33 maltratadores se habrían suicidado y 33 mujeres estarían en la plenitud de su vida disfrutando.

sábado, 3 de agosto de 2013

El antifeminismo que nos viene

Primero publiqué en esta misma revista un primer post sobre la lactancia materna sin saber muy bien en donde me metía; después publiqué varios de ellos en mi blog con el mismo resultado de recibir decenas de comentarios insultantes. Después vino la maternidad de Soraya Sáenz de Santamaría, quien decidió volver a trabajar dos semanas después de parir a su hijo y se desató de nuevo la caza, como ya se había desatado antes con el viaje a Afganistán de una Carmen Chacón embarazada y con todo un hospital de campaña a su disposición.

Este antifeminismo que viene es un mix entre ecologismo esencialista y feminismo de la diferencia mal entendido. Ellas plantean una revalorización de lo ontológicamente femenino sin salirse del patriarcado ni un metro. No necesitan organizarse políticamente en contra de la opresión porque, al parecer, lo único que las oprime son los avances del feminismo

Las polémicas Soraya/Chacón nos permiten visualizar muy claramente que existe un (neo) antifeminismo que camuflado en ambos lados del espectro ideológico y que está creciendo. Y quizá, desgraciadamente, sea en la izquierda ideológica donde se manifiesta más claramente.

En la derecha, aunque se piense lo mismo, no se atreven a decirlo porque su discurso es, supuestamente, el de la defensa de la igualdad. La izquierda, en cambio, como se siente legitimada por no se sabe qué luchas anteriores a favor de las mujeres, no tiene esos problemas. Dicha legitimidad es falsa porque a nosotras nadie nos ha regalado nada, ni en la derecha ni en la izquierda, y las resistencias se han dado con la misma intensidad en uno y otro lado.

Este antifeminismo que viene es una mezcla entre ecologismo esencialista y feminismo de la diferencia mal entendido. Estoy completamente alejada del feminismo de la diferencia, pero aquel era, en todo caso, un pensamiento complejo sobre el patriarcado que partía del reconocimiento de la opresión de las mujeres, que trataba de salir de esta opresión mediante la revalorización de lo que ellas consideraban diferencias ontológicas entre los sexos. El reconocimiento de la opresión y la valorización de lo esencialmente femenino llevaba a aquellas feministas a organizarse políticamente de manera autónoma y a elegir, casi todas, formas vitales y sexuales de las que los hombres estaban excluidos. Este neoecologismo femenino de ahora, que se apropia del término feminismo, no tiene nada que ver con aquel feminismo que desde luego luchaba por la igualdad partiendo, de la constatación de la opresión patriarcal.

Quien asuma para sí, con el derecho que asiste a todas a elegir, una posición contraria a esa supuesta esencia es castigada justo en aquello que ha sido siempre la máxima descalificación patriarcal para todas las mujeres: mala madre; lo peor.

El neoecologismo, que se dice feminista y que es antifeminista en todos sus planteamientos, busca la revalorización de lo supuestamente femenino sin hacer ninguna crítica al patriarcado, con lo que queda reducido a patriarcalismo del de siempre pero vestido de moderno. Así, ellas plantean una revalorización de lo ontológicamente femenino sin salirse del patriarcado ni un metro. No necesitan organizarse políticamente en contra de la opresión porque, al parecer, lo único que las oprime son los avances del feminismo; avances equivocados todos ellos y que han devenido en diferentes formas de opresión para las mujeres.

No voy a volver a entrar en el debate sobre si lactancia o no, o si Sáenz de Santamaría y Carmen Chacón deben o no incorporarse a sus trabajos sin atenerse la baja maternal. No lo voy a hacer porque en todos mis artículos y post, de una manera más o menos irónica, lo que yo defendía, lo único defendible desde el punto de vista feminista, es la defensa siempre y en todo caso de la libertad de todas y cada una de las mujeres y su individualidad. Para el feminismo no hay más cuestión.

Para el antifeminismo, en cambio, hay mucho más. El principio de individualización y el derecho a decidir en todo caso sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas desaparece en este antifeminismo verde arrastrado por una supuesta esencia a la que todas debemos entregarnos sin resistencia. Y ¡ay! de la que se resista.

Las ecoantifeministas se muestran dispuestas a castigar a otras mujeres por su elección y no dirigen sus críticas al patriarcado, jamás se preguntan dónde están los padres, ni se enfadan porque ellos no se pidan los días del permiso de paternidad, eso ni se menciona.

Participan así entusiásticamente en la división que el patriarcado hace entre mujeres buenas y malas, siendo ahora las malas no las mujeres que viven su sexualidad libremente, sino aquellas mujeres que viven su maternidad de otra manera y según sus propios criterios; porque para las ecoantifeministas, en el tema de la maternidad y las esencias maternales, no hay elección posible ni criterios propios, lo que enlaza directamente con la negación que el patriarcado hace de la individualidad de las mujeres.

Las mujeres no son individuos, son todas iguales, todas madres y, sobre todo, todas la misma madre: La Madre Patriarcal. La entregada a su prole, la que siempre y en todo caso está dispuesta a sacrificarse por los intereses de sus hijos, sean reales o no. La que nunca puede escoger el propio bienestar, aunque eso no haga ningún daño a su hijo o hija porque “propio bienestar”, es tabú; es lo peor que puede ser una madre: egoísta.

Así que se desgañitan en las redes contra la libertad, la individualidad y el pecado de salir al espacio público, dejando patente, por su situación de recientes madres, que abandonan el espacio doméstico justo en el momento en que este abandono se hace más visible, en el momento en que se ha sido madre, en ese momento en el que se exige la puesta a disposición del propio yo a otro/a, el hijo o la hija. Y por si fuera poco, como todo esto pretenden argumentarlo desde la izquierda ideológica, utilizan argumentos supuestamente progresistas haciendo pasar a las mujeres que escogen lo que a ellas no les gusta como enemigas de clase; mujeres supuestamente privilegiadas que socaban con su elección y con su ejercicio de la individualidad los derechos de las mujeres-masa indistintas, obviando, naturalmente que hay millones de mujeres que hacen lo mismo todos los días en todos los estratos sociales. Porque La Madre en realidad no existe, existimos las mujeres que somos madres y cada una de nosotras es madre de una manera distinta.

La renuncia voluntaria a un derecho no tiene por qué cuestionar éste, ni su universalidad ni el convencimiento de que ciertamente los derechos de maternidad son un avance y una conquista histórica conseguida por mujeres que no estaban en el espacio doméstico, sino por las que defendían la plena igualdad social y batallaban en el ámbito público. Los derechos son para quienes los necesitan y para quienes quieran hacer uso de ellos, pero si los derechos se convierten en obligación, siempre y en todo caso, dejan de ser derechos.

Y por último, lo más importante, lo que nunca puede perderse de vista es que el principal derecho que las mujeres hemos conseguido tras siglos de lucha es el reconocimiento de nuestro derecho a elegir cómo queremos vivir nuestras vidas, maternidades incluidas. Y éste sí es un derecho frágil, permanentemente amenazado y cuestionado desde todos los flancos del antifeminismo.

“Algunas mujeres son marginadas y no son conscientes porque les parece una situación normal”

Para la directora del Instituto Vasco de la Mujer-Emakunde, Izaskun Landaida, la igualdad con los hombres resulta imposible de alcanzar solo con la buena voluntad. Es imprescindible tomar medidas que ayuden a la mujer a concienciarse de lo importante que resulta su presencia en los centros de poder, donde se toman las decisiones. En su opinión, a muchas mujeres les cuesta darse cuenta de que sufren algún episodio de marginación porque no lo identifican como tal, no son conscientes de ello. Graduado Social por la Universidad del País Vasco (UPV), comenzó su labor en la administración pública como concejala de Igualdad y Acción Social además de Teniente de alcalde del Ayuntamiento de Ugao-Miraballes (Bizkaia). Y en 2007 se convierte en la primera alcaldesa de su municipio, puesto que dejó para ocuparse de Emakunde. La educación en valores es una de sus principales preocupaciones para abortar entre los más jóvenes los síntomas de machismo.

Pregunta. ¿Por qué aún resulta chocante ver que una mujer conduce un taxi o un autobús?

Respuesta. Porque históricamente hemos vivido en un contexto en el que las mujeres estaban en un segundo plano y su vida se reducía al ámbito privado. Las conquistas en el terreno de lo público estaban asumidas para los hombres, pero no para las mujeres. Remover todo eso cuesta mucho.

P. Incluso en la cabeza de las propias mujeres, ya que un 60% de las profesionales rechazan los ascensos y optan por la flexibilidad laboral.

R. A la hora de elegir los trabajos, las mujeres normalmente optan por horarios más flexibles para poder conciliar el trabajo con la vida familiar. En muchos casos, trabajos a tiempo parcial. Por eso es fundamental trabajar la corresponsabilidad para que el cuidado de la familia, que es lo que más tiempo requiere, se encuentre equilibrado. Cuando eso se logre, las mujeres tendrán más libertad para tomar decisiones en su ámbito profesional.

P. Que los hombres interioricen la igualdad es la clave, pero los sociólogos apuntan que queda machismo para rato entre los jóvenes.

R.  Estamos hablando de una historia que perdura a través del tiempo, donde las mujeres han estado relegadas a un segundo plano y en ese contexto nos hemos socializado todos. Los cambios son bastante más lentos de lo que nos gustaría y por eso hay que redoblar esfuerzos. Para eso es necesaria la implicación de todos.

P. Cada vez hay más mujeres ocupando puestos tradicionalmente masculinos como doctoras,  juezas, abogadas, profesoras. Sin embargo, eso no se traduce en una mayor visibilidad social a la hora de tomar decisiones.

R. Siempre decimos que hay una segregación horizontal y vertical que hace que las mujeres prefieran trabajos con más flexibilidad horaria. Esa segregación hace que no opten a puestos de dirección. Es fundamental que las mujeres, que están perfectamente cualificadas, estén en los ámbitos de la toma de decisiones, en los consejos de dirección de las empresas. Esa presencia es necesaria porque la sociedad está formada por mitad hombres y mitad mujeres. Por lo tanto, las decisiones que se adopten  deben dar respuesta a esa población.

P. ¿Las mujeres no son conscientes de la importancia de estar en el núcleo donde se toman las decisiones?

R. Por una parte no son conscientes y por otra, optan por otras cosas. Es necesario que se conciencien de lo importante que es que vayan adquiriendo poder. En la medida que ese empoderamiento es mayor ven que su presencia a la hora de decidir es fundamental. Hay mujeres perfectamente capacitadas, pero que no se atreven a dar el paso. ¿Por qué no van a poder estar en el consejo de dirección si son buenas en su trabajo? Hay que hacer un proceso de empoderamiento porque las mujeres no son conscientes de su valor y de la importancia de su presencia. Cuando reciben la formación adecuada sobre género, se constata una evolución. Las mujeres consideran vital la autonomía individual y reconocen que se han producido avances en el ámbito privado, pero en el ámbito público, sobre todo el laboral, no.

P. ¿Está la igualdad en la agenda de los políticos?

R. Creo que sí. En estos 25 años de existencia de Emakunde, la igualdad se ha introducido en las agendas de los políticos. En 2004 se aprobó la Ley de Igualdad y desde entonces todos los departamentos del Gobierno vasco cuentan con unidades de igualdad. En diputaciones y ayuntamientos también existen agentes de igualdad. En 1988 solo había nueve mujeres parlamentarias, hoy esa fotografía es muy diferente. Pero queda mucho por recorrer.

P. ¿Y las acciones de discriminación positiva a favor de la mujer dan fruto o se pueden volver en su contra?

R. La igualdad por sí misma no se va a conseguir. Hay que tomar medidas, que conduzcan a esa igualdad de una forma real y efectiva. Desde Europa se marcó el objetivo de que hubiera mayor presencia de mujeres en los consejos directivos de las empresas, pero con la buena voluntad no se ha logrado. Hay que establecer medidas de obligado cumplimiento. Ojalá que la igualdad estuviera interiorizada en la sociedad, pero la realidad es que hacen falta medidas para conseguirla.

P. En la etapa educativa parece que la igualdad es un hecho, pero cuando se da el salto a la vida laboral todo cambia.

R. El problema al que nos enfrentamos es el espejismo de la igualdad. Hay muchas chicas y chicos que ven a sus padres trabajar fuera del hogar y que perciben un sueldo. Y esto les ha hecho creer que la igualdad era un hecho. Pero no es así. Y muchas veces cuando las mujeres acceden al mercado laboral o en el momento de la maternidad, son conscientes de que la igualdad no se ha alcanzado. Algunas mujeres son marginadas y no son conscientes porque les parece una situación normal. El espejismo del que vienen les hace creer que son iguales que los hombres en cuanto a las condiciones laborales.

P. ¿Se asume como normal esa marginación y esas diferencias en el terreno laboral entre hombres y mujeres?

R. Más bien lo que pasa es que las mujeres no son conscientes. Directivos de grandes empresas no visualizan lo de la igualdad hasta que sus hijas con un gran currículum han tenido problemas al presentarse a un trabajo y no les cogen. Hay una primera vez en la que empiezas a ser consciente de esa marginación.

P. Los hombres y mujeres parten de lugares distintos con una clara ventaja para los hombres y el sistema capitalista en el que vivimos exacerba con toda tranquilidad esas desigualdades.

R. Tratamos de que desaparezcan, pero por mucha ley que exista necesitamos la implicación de toda la sociedad. Tener objetivos comunes entre diferentes. En los consejos de dirección de las empresas se toman decisiones muy importantes y por eso es fundamental una presencia equilibrada entre hombres y mujeres. Las decisiones afectan a los dos géneros. La sociedad y las empresas no pueden permitirse el lujo de prescindir del talento de las mujeres. Sería un error gravísimo.

P. Las fiestas a menudo pueden  resultar proclives al sexismo. Algunos chicos creen que hay barra libre para todo

R. Hemos hecho campañas para las fiestas con el lema Ni te pases, ni pases. Ni te pases porque hay que respetar a la mujer y ni pases porque es necesaria una actitud proactiva de la sociedad contra las agresiones sexuales. En el entorno de las fiestas se pueden dar muchas agresiones de este tipo que queden impunes. Y hay que ponerles freno. Tolerancia cero. Es fundamental trabajar con chicas y chicos en los valores de la educación, es muy importante que perciban en qué consisten las desigualdades para poder actuar. Muchas veces no son conscientes de ellas.

P. Las desigualdades entre hombres y mujeres alcanzan su máxima expresión en la violencia de género.

R. La violencia contra las mujeres solo se podrá erradicar de raíz trabajando e interiorizando la igualdad. El trabajo de cambio de valores, corresponsabilidad y empoderamiento  contribuye a la igualdad y deja menos espacio a la violencia.

P. Un hombre que maltrata a una mujer y la desprecia, ¿es recuperable para la sociedad?

R. No lo sé. Hay que potenciar todos los programas que ayuden a cambiar esa mentalidad de que un hombre es superior a una mujer.