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sábado, 1 de junio de 2013

El aborto y la derecha

 
Situarme ideológicamente en este tema me costó años de querer entenderlo en profundidad, y me costó reflexionar mucho sobre los tópicos y los enormes prejuicios que le rodean. Solemos prejuzgar este duro y controvertido asunto desde unas coordenadas supuestamente morales que nos llevan, en muchos casos, como en tantas otras cosas, a considerar el árbol y negar la existencia del bosque. El asunto es mucho más complejo y más profundo que el rechazo inicial que suele producir en personas que dan los tópicos por buenos, rechazando entrar en el problema de fondo.

Y el problema de fondo es la vida, la vida humana, no sólo en forma de cigoto, sino también en forma de seres humanos que viven sin recursos, sin educación, sin atención, y muchos de ellos en la marginalidad y en la miseria. ¿Se ocupan de esas vidas los que se echan a la calle a defender a capa y espada a los cigotos? ¿Se preocupan de ofrecer educación afectiva y sexual a los jóvenes para evitar esas trágicas situaciones? ¿Enseñan a las mujeres a tener autoestima y dignidad? ¿Ofrecen la posibilidad de una vida digna a esas criaturas que nacen de embarazos no deseados? La respuesta es no.

Y precisamente porque se trata de la vida, nada más y nada menos que de la vida, es necesario profundizar en el problema y no dedicarse a repetir como papagayos los eslóganes que vierten los que dicen, sólo dicen, preocuparse tanto por ella. El aborto es un problema sanitario, humano y social. Y es una verdadera tragedia para muchas mujeres, de toda extracción social y condición. Y es una tragedia para esas mujeres porque hacen una durísima elección en su vida personal, elección motivada por diversos factores en su contra, como la pobreza, la falta de recursos, el rechazo familiar o social, el miedo, la indefensión o la miseria, la enfermedad, la incapacidad o el abuso sexual…

Europa, sin medios ni coordinación para luchar contra la violencia machista

Anna Flotats – Público.es

La mayoría de Estados miembro tienen planes nacionales contra la violencia machista, pero pocos garantizan el apoyo legal y asistencial a las mujeres que lo necesitan. Las víctimas mortales son imposibles de contabilizar por la falta de datos comparables.

A mediados de abril se celebró en Madrid la Cumbre Europea sobre Buenas Prácticas para Erradicar la Violencia de Género. Representantes de 18 países pusieron en común -aunque a puerta cerrada- sus principales políticas contra la violencia machista. El principal escollo de esa lucha a nivel europeo apareció a los pocos minutos de empezar la reunión en palabras, precisamente, de la ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, Ana Mato: "Esimposible saber cuántas mujeres mueren por violencia de género en Europa".

Efectivamente, no es posible analizar la violencia machista en Europa porque las estadísticas que aportan los pocos países que tienen datos al respecto no se pueden comparar. El primer problema es que, en muchos estados, la mayoría de casos de violencia machista no se denuncian a la policía, de manera que son invisibles en las estadísticas. Por ejemplo, en Alemania, sólo el 25% de las mujeres víctimas de violencia de género lo denuncian a la policía y en Bélgica, el porcentaje no llega al 20%. Son datos del último informe del European Institute for Gender Equality (EIGE), que señala otro obstáculo para la visibilidad de la violencia machista en Europa: los datos sobre víctimas mortales tampoco se pueden comparar porque no todos los países los documentan de la misma manera.

Sólo un tercio de los Estados miembro contabiliza específicamente los crímenes de violencia machista. Son Bélgica, Estonia, Irlanda, España, Italia, Lituania, Rumanía, Eslovaquia y Suecia. Otros 14 engloban las muertes de violencia machista bajo el epígrafe de "violencia familiar", por lo que no se trata estrictamente de violencia de género, es decir, la que ejercen los hombres contra las mujeres. A la cola de esta clasificación están Bulgaria, Alemania, Hungría, Austria y Reino Unido, que no recaban ningún dato referente a la violencia intrafamiliar. Debido a estas diferencias en la manera de contabilizar las víctimas y de catalogar la violencia, el EIGE sólo puede afirmar que, en los Estados miembro, "entre el 12% y el 35% de las mujeres sufren violencia doméstica física".

Sólo cuatro países de la UE han introducido en el código penal la definición de violencia de género

Maurizio Mosca, uno de los técnicos del EIGE, expresó en su visita a España el pasado mes de abril la urgente necesidad de "unificar las definiciones de violencia de género en Europa" para "integrar de forma igualitaria todos los datos". En este sentido, Mosca reconoció que la Ley Integral contra la Violencia de Género en España "es un ejemplo efectivo que debe servir como inspiración política y cultural para toda la Unión Europea".

El Consejo de Europa y la Comisión Europea se han comprometido a combatir la violencia contra las mujeres y prueba de ello es, por ejemplo, la Carta de la Mujer (2010), en la Estrategia para la igualdad entre mujeres y hombres 2010-2015, aprobada por la Comisión Europea. Este texto insta a los estados a prestar y financiar  servicios especializados a corto y largo plazo para las víctimas de violencia machista. Aun así, el estudio de EIGE demuestra que el apoyo de los países de la UE no es suficiente.

Aunque prácticamente todos los estados tienen centros y servicios de asesoramiento para las víctimas, el informa revela que sólo ocho (Alemania, Irlanda, Chipre, Luxemburgo, Malta, Eslovenia, Suecia y Reino Unido) y Croacia cumplen la proporción recomendada de un centro o servicio por cada 50.000 mujeres. España está fuera de esta lista, pero es uno de los seis países de la UE (junto con Dinamarca, Italia, Austria, Suecia y Reino Unido) que cuenta con una línea de ayuda telefónica gratuita y disponible las 24 horas del día los 365 días del año. Es uno de los aspectos que subraya el Convenio del Consejo de Europa para prevenir la violencia de género, más conocido como Convenio de Estambul.

Por otra parte, aunque la mayoría de países de la UE aplican planes nacionales para combatir la violencia machista, sólo tres (España, Alemania y Luxemburgo) evalúan periódicamente las medidas y las reformas legales que llevan a cabo y únicamente en cuatro (España, Francia, Portugal y Suecia) se ha introducido en el código penal una definición de la violencia basada en la perspectiva de género.

jueves, 30 de mayo de 2013

#Quienessonlasmujeresqueabortan


Machismo al revés

Irantzu Varela 

No, el feminismo no es lo mismo que el machismo, pero al revés.

Porque el machismo es la forma de pensar que opina que las mujeres estamos subordinadas porque es lo que nos merecemos, la posición en la que nos corresponde estar, dada nuestra naturaleza inferior, secundaria, complementaria.

Y el feminismo es la idea radical de que las mujeres somos gente. Es la forma de pensar que opina que todas las personas debemos tener los mismos derechos y las mismas oportunidades.

Si el feminismo fuera como el machismo, pero al revés, pretendería que los hombres vivieran sometidos a las mujeres, que trabajaran sesenta días más al año para cobrar lo mismo, que cuidaran gratis, pensando que es su obligación y por amor, a todas las personas de su entorno; que asumieran como propia la única responsabilidad de los trabajos domésticos, que se sometieran a unos roles de belleza imposibles impuestos para nuestro capricho, que se dedicaran a satisfacer los deseos de las mujeres en la cama, en la cocina, en la calle.

Si el feminismo fuera como el machismo, pero al revés, buscaría excusas biologicistas para explicar la discriminación, utilizaría a los hombres como adorno y hablaría como si la mitad de las personas no existieran. Trataría de construir un sistema de desigualdad, orientado a mantener sometida a la mitad de la población del mundo, para que fueran sus sirvientes, sus cocineros, sus enfermeros, sus mancebos, sus distracciones…

Si el feminismo fuera como el machismo, pero al revés, pretendería que las mujeres tuviéramos privilegios a costa de la libertad de los hombres, que mandáramos por encima de ellos en la política, en la economía, en la cultura, en los medios de comunicación, en la calle. Habría mujeres que pegarían a sus parejas, mujeres que matarían a sus maridos, mujeres que violarían a hombres, mujeres que torturarían hombres, y mujeres que harían chistes sobre ello, que cuestionarían a los hombres que lo denunciaran, que se burlarían de los hombres que lucharan para combatirlo.

El feminismo se diferencia del machismo en que es una forma de pensar, de luchar y de vivir, que pretende que construyamos entre todas y todos una sociedad en que ninguna persona tenga menos oportunidades ni menos derechos por ser una mujer, en que nadie tenga represalias ni miedo por su opción sexual, en que todas las personas sean dueñas de su cuerpo y de su sexualidad, y que nadie pretenda secuestrar su capacidad para decidir sobre ningún aspecto de su vida.

El feminismo se diferencia del machismo en que el primero es una ideología de la libertad, de la igualdad, y el otro es una ideología de la esclavitud y de la subordinación.

El feminismo es lo opuesto al machismo. Que no es lo mismo, pero al revés.


Irantzu Varela es periodista, feminista, experta en género y comunicación, y (de)formadora en talleres sobre igualdad en Faktoría Lila.